viernes, 14 de agosto de 2009

Perfil, testimonio, entrevista

El perfil[1]

«Cuando hablamos de sinfonía equivale a muchos instrumentos en los que cada uno tiene su papel, su efecto y su propósito. Componer significa tener una idea global, un instinto de lo que ha de ser la pieza musical. Igual que escribir un perfil: hay muchos hilos conductores y cada uno debe tener consistencia y constancia para que, en conjunto, configuren la pieza. Creo que la analogía es adecuada porque el lenguaje escrito tiene una melodía interior. La siento al escribir. Intuitivamente sé si hay cosas fuera de balance o no. Viene del inconsciente —no tan inconsciente—, de la creatividad, está más allá del periodismo»,
Jon Lee Anderson

El perfil consulta varias fuentes para adentrarse en un personaje. Esas fuentes pueden ser amigos y opositores. Busca retratar, con palabras, los aspectos de la vida de un personaje. Hace una fotografía que, en ocasiones, puede ser en blanco y negro, de una manera sobria, clásica, y en otras presenta colores, matices, sombras; es arriesgado con las formas narrativas. Como expresó John Lee Anderson en el curso sobre perfiles para la Fundación Nuevo Periodismo, en Buenos Aires, Argentina “La idea es que el lector del perfil pueda ver a la persona como una escultura de Rodán puesta en el Museo del Pradro” (Anderson, 2005, p. 4). Es decir, que el lector pueda observar todos los ángulos de un personaje, que lo pueda mirar desde distintas perspectivas y pueda hacerse una idea clara de cómo llegó a ser lo que es,


Para John Lee Anderson, el perfil se aproxima a la biografía. Si se logra escribir un buen perfil. Si se alcanza a abordar al personaje desde todas sus dimensiones, fácilmente se podrá dar un salto para componer una biografía, como la biografía que el mismo John Lee Anderson escribió sobre el “Che” Guevara.


El perfil es un género que requiere especial sensibilidad de quien lo escribe, sin duda hay muchas condiciones que pueden desarrollarse en el ejercicio del periodismo y de la literatura, pero si la persona no está dispuesta a escuchar al personaje, si no está dispuesta a compartir mucho tiempo con él, si no pretende meterse en su piel, vivir lo que éste vive, será muy difícil que se haga un perfil que trasmita emociones al lector. Esa capacidad de relacionarse con la gente es difícil desarrollarla. Para lograr retratar una persona, hay que tener la sensibilidad para ir más allá de lo que se ve, hay que tratar de dibujar al personaje, más allá de lo que dicta lo racional, y dejar un espacio para los sentidos.


Para lograr que el personaje ofrezca detalles de su vida, quien haga un perfil debe ganarse su confianza. Como dice John Lee Anderson: “Los personajes necesitan confesores” (Anderson, 2005, p. 6); pero además de confesores, intérpretes, narradores que tengan la posibilidad de contar sus historias, que además puedan utilizar un lenguaje y una estructura narrativa que sea un elemento de identidad para los lectores.


Hay una buena comparación para referirse al perfil, está en el diario El País, que lo asemeja la caricatura


Como la caricatura, dibuja con pocos trazos la semblanza de una persona. El perfil es a la biografía lo que la caricatura al retrato. Y así como a veces reconocemos mejor un personaje en caricatura que en fotografía, así también un buen perfil puede competir con una biografía. El hecho de que el perfil sea un género breve no autoriza una investigación superficial. Entre más lo investigue, mejor sabrá el “perfilista” cuáles son los rasgos que definen a su personaje y cuáles los momentos más significativos de su trayectoria. (El País, 1998, 49).

El perfil muestra una visión de las distintas facetas de una persona, plantea todos los elementos que constituyen su vida: sus virtudes y defectos, sus éxitos y fracasos, su cotidianidad y sus sueños. Es la explicación de quién es una persona y cómo llegó a serlo. Es una exploración profunda en la personalidad. Se realiza a través de múltiples entrevistas y documentos. Para realizarlo hay que ser investigador, biógrafo, ensayista, pintor, caricaturista, historiador, psicólogo. Puede ser biográfico, personal o laboral, según el enfoque. Se vale de muchas voces que ayudan a reconstruir a un personaje.

El testimonio[2]

El testimonio es la transcripción del diálogo con el personaje; obviamente, por sus características, no cualquiera puede ser testimoniado, debe ser un excelente narrador, y deben hacerse varias conversaciones con él.


Este tipo de escritura ha sido, tradicionalmente, tratada con desprecio, sin embargo es importante porque cuenta los episodios de la vida de alguien que existe o ha existido. El testimonio está en América desde Colón y los cronistas de indias. Es una construcción de la historia.


Para algunos, el testimonio es una narración de urgencia, y existe actualmente una tendencia a dejar testimonio en la pintura, la arquitectura, el psicoanálisis las artes plásticas y la historia.


El testimonio no tiene la intención de pasar a la historia, simplemente deja una huella.


El perfil cuestiona disciplinas que antes no habían sido cuestionadas. Discute esa posición hegemónica de la literatura. Es un texto híbrido, que busca la manera de mantener el disfrute, sin ir en contra de la realidad. Para Roland Barthes es un acto de solidaridad histórica.


La investigadora Marie Stripeaut, en una conferencia acerca de la literatura testimonial, realizada en la Universidad de Antioquia en el 2006, planteó que así como hubo una nueva novela, la escritura de urgencia está creando a un nuevo lector. Propuso una nueva estrategia estética, que se remite a la práctica, que tiene otro nivel. Se basa en la pregunta de ¿cómo salir de lo verosímil a lo verídico?, una pregunta que se responde con los postulados de Genette (1991), en la que la ficción no es una condición sinequanon para definir la literariedad de un texto.
En el testimonio está presente la intervención de un mediador, un diálogo de voces que interactúan. En el relato de un náufrago está la historia contada por Luis Alejandro Velasco, pero se notan las costuras de la trama construida, hilada por García Márquez, hay elementos de su estilo, de su narrativa.


La entrevista[3]

Para Gonzalo Martín Vivaldi, la entrevista es un género que “reproduce por escrito el diálogo mantenido con una persona. Juan Castevella dice que es “la conversación entre el periodista y una o varias persona, con fines informativos (importan sus conocimientos, opiniones o el desvelamiento de la personalidad) y que se transmite a los lectores como tal diálogo, en estilo directo o indirecto”. Miriam Rodríguez Betancourt, por su parte, expresa que su propósito es “difundir públicamente (…) el contenido de la conversación, por su interés, actualidad y relevancia”.


La entrevista viene de los diálogos, inventados por los griegos, desarrollados por Platón. Es un diálogo entre dos o más personas, altamente informativo y de interpretación. Su objetivo es obtener información o revelar el mundo interior de un personaje. Busca conseguir información testimonial, obtener opiniones sobre hechos de actualidad y sobre temas de interés permanente.


La entrevista es un medio privilegiado para hacernos una visión del hecho que estamos investigando. Antes, las entrevistas eran una simple manera de recopilar información, nunca aparecían de cuerpo entero. Los incidentes judiciales ayudaron al desarrollo de este género. En una época, inclusive, se transcribían las indagatorias en los estrados para los periódicos. Los temas jurídicos, así como la etnografía y otras ciencias sociales apoyaron la evolución de la entrevista en profundidad.


Hoy se considera que el 80% de la información de los medios masivos se consigue mediante entrevistas. La entrevista nació en el periodismo, pero éste le dio un uso bastante restringido. La etnografía encontró en la entrevista la metodología para conocer, más a profundidad, datos sobre el hombre. El discurso puede revelar temores, costumbres, creencias, odios, saberes, tradiciones, sentimientos, que no pueden adquirirse mediante la simple observación.


Una buena entrevista nos responde quién es y cómo es el personaje. Para lograrla hay que tener dos saberes básicos: saber preguntar y saber escuchar. Saber preguntar va más allá de conocer lo que piensa y recuerda el entrevistado, busca que éste exprese lo que siente. Saber escuchar, por su parte, quiere decir prestar atención a la palabras que se dicen, concentrarse en la conducta del entrevistado y en analizar y asimilar todo lo que se perciba.


La entrevista puede ser, entonces, una técnica de reportería, y un género periodístico, con todas sus características y particularidades definidas que busca dar a conocer las opiniones del personaje escogido. También nos permite conocer sensaciones, recrear el sentir de los personajes.


Tipos de entrevista


Pregunta- respuesta: en la que se hace una introducción y se reconstruye el diálogo que se presenta entre el entrevistador y el entrevistado. Por su parte la entrevista creativa o literaria es una modalidad de entrevista en la que interviene la capacidad de quien la realiza para recrear el ambiente, las características del personaje. Este tipo de entrevista enfatiza en la forma, no solamente en el contenido informativo. Centra su interés en el entrevistado, ofrece diferentes ángulos de su personalidad, busca ofrecer al público un producto estético.


Entrevista creativa: en la entrevista de creación se conjugan la literatura y el periodismo, lo que permite la prolongación de la vida periodística de los personajes. Es más difícil olvidarlos cuando trascienden lo efímero de la información, cuando nos cuentan una historia con la que podemos identificarnos.


La idea es conseguir con la entrevista un perfil original e inédito del personaje, no repetir lo que todo el mundo ya ha dicho de él.


En la entrevista creativa, la intervención del periodista es totalmente activa, de él dependerá casi completamente el éxito del texto. Se deben tener en cuenta la preparación del tema, el conocimiento del personaje, la creación de un ambiente propicio que haga que el diálogo no parezca un interrogatorio, si no una conversación abierta que lleve a conseguir los objetivos planeados.


[1] Entre 1920 y 1930 se popularizó un nuevo género periodístico: los perfiles publicados en el periódico inglés The Times y por la revista norteamericana The New Yorker. El objetivo del perfil era mostrar una cara más humana de las noticias. Desde el principio, se marcó una gran diferencia con la entrevista, ya que los datos de obtenían consultando a varias fuentes y muchas veces ni siquiera se entrevistaba al protagonista.

[2] El testimonio nació de la entrevista. Es un género que surgió en el periodismo, pero recibió el impulso de otras disciplinas sociales como la antropología y la historia que lo convirtieron en una forma de darle voz a los que, tradicionalmente, no la han tenido.

[3] La entrevista, como género, nació en Estados Unidos cuando en 1839 James Gordon publicó un diálogo con la administradora de un burdel en New York que estaba involucrado en un escándalo judicial. Luego, Horacio Greeley publicó la entrevista con un pastor mormón en el New York Tribune. Estos dos experimentos fueron suficientes para que se popularizara la entrevista en el siglo XIX. En Colombia, la primera entrevista se publicó el 15 de julio de 1911 y era una conversación con un párroco boyacense al que se le acusaba de falsificación de billetes. Algunos teóricos plantean el origen de la entrevista en los Diálogos de Paltón.

Más mediados que comunicados

Más mediados que comunicados

Por:
Luis Horacio Botero Montoya
¨
Uriel Hernando Sánchez Zuluaga¨
Julio César Acevedo Tabares¨
Carlos Alberto Galvis Ortiz¨
Victor Hugo Zapata Madrigal¨
Investigadores-Grupo Corpus
Facultad de Comunicación
Universidad de Medellín
Medellín-Colombia


RESUMEN

El siguiente texto pretende abordar el tema de los medios de comunicación empresariales y su papel en los procesos de comunicación interpersonal en las organizaciones medianas del sector servicios en la ciudad de Medellín (Colombia). Por ello, sus alcances se circunscriben a asuntos preliminares del proyecto de investigación, titulado: “Más medios que comunicación en las organizaciones: evaluación de la relación entre los medios internos de comunicación e información y la comunicación interpersonal al interior de organizaciones medianas del sector servicios en la ciudad de Medellín desde la perspectiva de la Comunicación Corporativa” que adelanta el Grupo de Investigación en Comunicación Corporativa CORPUS, adscrito a la Facultad de Comunicación de la Universidad de Medellín y reconocido por Colciencias, en categoría C.

El proyecto, por las consideraciones finales, sustenta con claridad la afirmación de que las organizaciones, objeto de análisis, desarrollan diferentes procesos comunicativos con sus públicos, principalmente internos, con un abordaje más desde el terreno de la información que de una propuesta comunicativa que logre impactar los procesos de comunicación interpersonal. Las organizaciones medianas analizadas están más mediadas que comunicadas, puesto que privilegian más el medio en sí que las posibles interacciones humanas, alejando la posibilidad de consolidar dichas interacciones y generando una sociedad de la información y una sociedad de masas, distanciada cada vez más de su esencia: la sociedad misma.

Palabras clave: Mediaciones, medios, comunicación, información

ANTECEDENTES

El proyecto de investigación se estructura desde la perspectiva de la comunicación corporativa y uno de sus propósitos esenciales consistió en hacer un análisis de la relación existente entre los medios de comunicación empresariales y los procesos de comunicación interpersonal en las organizaciones medianas del sector servicios en la ciudad de Medellín. De este modo, el proyecto buscó determinar cuál es la incidencia efectiva de dichos medios en los procesos de comunicación de y en la organización. Sin embargo, esta investigación no abordó la totalidad de los procesos y tecnologías de información de la organización y se concentró en aquellos propios de la perspectiva del uso de comunicación colectiva –podría decirse a modo periodístico- de difusión y colectivización de los procesos comunicacionales de la organización tales como son abordados por las diferentes corrientes de la comunicación empresarial en las organizaciones (léase comunicación organizacional, relaciones públicas, comunicación institucional y comunicación corporativa, entre otras).

Tal propósito, instó a los investigadores a asumir una mirada crítica de los medios empresariales utilizados en organizaciones medianas del sector servicios en la ciudad de Medellín y su impacto en los públicos internos. Desde esta perspectiva, fue necesario contar con una serie de elementos teóricos que les permitió dar cuenta de la comunicación de y en las organizaciones desde diferentes perpectivas, tales como los factores de comunicación interna o externa y de la comunicación con diferentes tipos de públicos y con diferentes objetivos o búsquedas.

La comunicación corporativa: el marco general

Esta investigación se enmarca en la perspectiva de la comunicación corporativa y, para ello, se apeló a los trabajos del comunicólogo español Joan Costa y a algunos conceptos y elementos de análisis formulados en el texto “Comunicación empresarial: una mirada corporativa” (Múnera Uribe, Pablo y otro. 2003) relacionados con postulados fundamentales de los teóricos de la comunicación que dieran claridad –tanto desde la corriente corporativa como desde otras miradas- de la presente investigación.

La gestión de la comunicación de y en las organizaciones ha sido adjetivada y nominada de diferentes maneras y, en general, con un criterio arbitrario. Se le ha llamado organizacional, institucional, empresarial, corporativa, y/o de relaciones públicas. En ocasiones se divide en comunicación interna y comunicación externa; comunicación organizacional y comunicación de mercadeo; comunicación organizacional y relaciones públicas; entre otras.

Diferentes escuelas, grupos, corrientes, gremios, empresas y universidades han planteado su mirada sobre el tema; los encuentros de comunicación suelen ser menores que las propuestas en este ámbito, por lo cual en este marco teórico se asume la posición básicamente adelantada por los docentes de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Medellín, ubicada en Medellín (Colombia) y que siguen, fundamentalmente, la propuesta de escuela de pensamiento europea del profesor Joan Costa que se identifica con la necesaria relación entre la comunicación y el mercadeo.

Sin embargo, resulta pertinente ubicar al lector sobre desde qué perspectiva abordamos tanto el tema de la comunicación como el asunto del corpus. Veamos:

Sobre la comunicación

La noción de comunicación, desde un acercamiento etimológico, proviene del latín comunicare, que significa hacer común, significación que es coherente con la definición que trae el Diccionario de la Real Academia Española –RAE- cuando señala que “comunicar es hacer a otro partícipe de lo que uno tiene” y en la misma dirección, dice que “la comunicación es acción y efecto de comunicar o comunicarse”.

Pero, más que acción y efecto, la comunicación implica intercambio de sentidos; la comunicación es un campo interdisciplinar de encrucijadas.

Pero decir comunicación es hablar de procesos cargados de sentidos profundamente antagónicos. Pues, de un lado, la comunicación significa hoy el espacio de punta de la modernización, el motor y las transformaciones culturales que nos hacen contemporáneos del futuro, ya que, asociada al desarrollo de las tecnologías de información, la comunicación nos proporciona la posibilidad de alcanzar al fin de la definitiva modernización industrial, de la eficacia administrativa, de las innovaciones educativas y hasta del avance democrático que entrañarían las virtualidades descentralizadoras de la informática (Barbero, 2005, p. 117 - 118).

En el intento de unificar algunos conceptos y pese a las múltiples acepciones sobre comunicación, éstas son algunas sobre las cuales existe cierto nivel de identificación, no sin antes anotar que en ellas existe un común denominador: su apuesta por lo humano. Son ideas que circulan en conferencias y charlas formales e informales y que se escuchan con frecuencia en los espacios que posibilita la academia. Veamos:

§ La comunicación es un proceso activo que permite a las personas, a través de referentes comunes, hacer construcciones colectivas para el desarrollo de la sociedad.

§ La comunicación, como proceso generador de una serie de relaciones, posibilita la convivencia y el intercambio de sentidos.

§ La comunicación es el proceso simbólico humano por excelencia.
§ La comunicación es co-permitir ver.
§ La comunicación es un acto de búsqueda de sentidos.
§ La comunicación es un espacio para la interacción humana.
§ La comunicación es constitución y constitutivo de lo humano.

Por ello, no se puede asumir la comunicación desde la concepción instrumental y positivista, influenciada por la teoría matemática y el racionalismo de operaciones y de sistemas que reduce el concepto a la transmisión de mensajes, es decir, al concepto de información (dar forma) y al esquema de transmitir señales, mediante un código común entre emisor y receptor. Tampoco se puede asimilar la comunicación como equivalente con el concepto de redes en la llamada sociedad de la información.

La idea de corpus

Desde diferentes ciencias y disciplinas, entre ellas la filosofía, se han planteado múltiples perspectivas acerca de la noción de corpus, para recoger conjuntos de ideas en un solo cuerpo organizado. Entre ellas sobresalen el Corpus Aristotelicum, el Corpus Hermeticum y el corpus Galenicum. Este último, se concentra en la medicina desde los aportes de Galeno y su mirada al conjunto de saberes y lecturas del cuerpo humano, para buscar el modo de brindarle salud y remedio. Puede, en este caso, optarse por concentrar la mirada en los dos primeros con mayores aportes para la búsqueda en cuestión.

Si se toma como referencia el primero, se puede recordar que Aristóteles desarrolla su pensamiento con la intención de abarcar los saberes de un modo global, convencido de las dificultades de la “contradicción entre la necesidad de estudiar lo individual y contingente y el hecho de que solamente un saber de lo universal puede ser un saber verdadero” (Ferrater Mora, 2001, p. 223-224). Esta intención universalista es una de las razones para que la propuesta Aristotélica fuera conocida también como Organón.

“Organón significó primariamente “instrumento”, el término orgánico se refiere al carácter de un órgano y, sobre todo, al hecho de que un órgano (o instrumento) se compone de partes desiguales bien combinadas, montadas o armadas de forma que pueda ejecutar la función o funciones para las cuales ha sido designado” (Ferrater Mora, 2001, p. 265).

Desde estas ideas, Ferrater Mora explica que, en principio, no existía mayor incompatibilidad entre orgánico y mecánico, como ocurre en el caso de Santo Tomas, quien habló del corpus organicum como el cuerpo equiparado con instrumentos. “Sin embargo, desde mediados del siglo XVIII se ha tendido a usar ‘orgánico’ como adjetivo que cualifica ciertos cuerpos: los cuerpos ‘biológicos’ u ‘organismos’. Ha sido por ello cada vez más común contraponer lo orgánico a lo mecánico” (Ferrater Mora, 2001, p. 274).

En ese sentido, se puede encontrar la esencia integradora de la idea de corpus. Desde el Organón se asume su pretensión de universalidad y su incompatibilidad con lo puramente mecánico. Desde el Corpus Hermeticum, la mitología aproxima al imaginario del conjunto de ideas recibidas del dios de la comunicación; una serie de nociones igualmente amplias y de corte universal en su intención descriptiva y filosófica.

Desde la idea de corpus como cuerpo de conceptos o integridad de partes se llegó al desarrollo del sentido de lo corporativo en aplicación a organizaciones u agrupaciones humanas. En este ámbito, son básicamente tres los antecedentes históricos que ha tenido este término:[1]

El corporativismo de la Edad Media que nació en el siglo XI con la fundación de las comunidades de artesanos (corporaciones), para pasar del feudalismo a la artesanía como sistema de organización social. Esta era una forma de intervención del Estado en la producción. Funcionaba por medio de marcas (marcas de corporación de inspiración heráldica) y servían para proteger los territorios productivos y mercantiles, y asegurar que los artesanos de una corporación no transgredieran el terreno de otra. En tal sentido, evitaba la competencia. La marca no era un medio para conquistar clientes o competir, sino de unión, de espíritu de cuerpo. Las corporaciones eran entidades similares a los gremios de hoy.

Un segundo antecedente se encuentra con la aparición del neocorporativismo a finales del siglo XIX. Éste surge motivado por el movimiento social católico de la Iglesia Romana, que condensa su posición en la encíclica Rerum Novarum (1891) de León XIII, que propone al neocorporativismo como la solución al problema generado por la lucha socialista, anticlerical y ateísta, derivada de la influencia marxista. Este neocorporativismo implicaba la rígida intervención del estado capitalista y liberal en las relaciones productivas, a través de la constitución de asociaciones profesionales de empresarios y trabajadores en contra del sindicalismo de clase, marxista y anarquista. Fortalecido por el fascismo y el nazismo, este neocorporativismo prácticamente desapareció con el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Un tercer es el corporate anglosajón, surgido como producto del modelo neoliberal creado a principios de la década del setenta por Milton Friedman y sus Chicago Boys. Esta acepción se materializa en los holdings o grupos de empresas asociadas bajo un solo techo que estimula la propiedad privada y los grandes monopolios, distorsionando la vieja idea de espíritu gremial, para dar paso al corporativismo capitalista.

Pero independiente de las condiciones históricas, sociales, políticas y económicas que generan cualquiera de estas tres perspectivas, es posible abstraer un factor común entre ellas: la noción de cuerpo.

El antecedente semántico de corporativo es corpus (cuerpo), que significa totalidad, unidad inseparable e irreducible hecha de partes, poniendo de manifiesto una actitud holística (holos significa totalidad). Consecuentemente implica también la idea de empresa como sistema, que se refiere a un conjunto de partes interrelacionadas e interactuantes con un propósito común (esta misma idea trae consigo la existencia de una coordinación). Así se concibe la empresa en tanto que organismo social.

De esta manera, la idea de corporativo —más que significar una corporación o una empresa (palabra que implica una perspectiva socioeconómica de la organización)- implica una lógica y una actitud integral e integradora. Es una toma de postura. Supone una forma de concebir y dimensionar a la empresa, máxime cuando ésta es un todo articulado; y como la sistémica lo explica, es superior y diferente a la simple suma de sus partes.

Concebido como corpus, el término corporativo se refiere a una condición implícita del sujeto (la empresa), que a la vez es actuante y comunicante: la organización como un todo articulado y entero. Y la comunicación corporativa se refiere a una función esencial de este todo orgánico; por esto se trata implícitamente de una comunicación integral y dinámica. No pasará mucho tiempo para que esta acepción ‘corporatista’ sobrepase su vieja dimensión exclusivamente cuantitativa —su lógica está regida por criterios cualitativos— para convertirse en una mentalidad, una nueva lógica estratégica de la gestión que no es dependiente del tamaño de las organizaciones. Esta mentalidad ha empezado por manifestarse en la comunicación. De aquí pasará tarde o temprano al management (Costa, 1995, p. 100 -101).

Medios y mediaciones

Además del enfoque desde la comunicación corporativa, otro enfoque teórico de gran relevancia para el desarrollo de esta investigación puede hallarse en Jesús Martín Barbero y específicamente en su texto “De los medios a las mediaciones” cuando, el prefacio a la quinta edición, producida por el convenio Andrés Bello plantea un texto titulado: “Para entre-ver medios y mediaciones” (Barbero, 2003, p. 12). En un aparte de este texto, Barbero hace una llamado en este sentido:

Estamos necesitando pensar el lugar estratégico que está pasando a ocupar la comunicación en la configuración de los nuevos modelos de sociedad, y su paradójica vinculación tanto el relanzamiento de la modernización – vía satélites, informática, videoprocesadores- como a la desconcertada y tanteante experiencia de la tardomodernidad (Barbero, 2003, p.13). Asimismo plantea cómo La centralidad indudable que hoy ocupan los medios resulta desproporcionada y paradójica en países con necesidades básicas insatisfechas en el orden de la educación o la salud como los nuestros, y en los que el crecimiento de la desigualdad atomiza nuestras sociedades deteriorando los dispositivos de comunicación, esto es cohesión política y cultural (Barbero, 2003, p.13).


De otra parte, al citar a Lechner en un texto de la revista “Nueva Sociedad” afirma con él que:
Desgastadas las representaciones simbólicas, no logramos hacernos una imagen del país que queremos, y por ende, la política no logra fijar el rumbo de los cambios en marcha”. Con esto puede concluir: “De ahí que nuestras gentes puedan con cierta facilidad asimilar las imágenes de la modernización y no pocos de los cambios tecnológicos pero sólo muy lenta y dolorosamente pueden recomponer sus sistemas de valores, de normas éticas y virtudes cívicas. Todo lo cual nos está exigiendo continuar el esfuerzo por desentrañar la cada día más compleja trama de mediaciones que articula la relación comunicación/cultura/política” (Barbero, 2003, p. 17).

Jesús Martín Barbero ha trazado lo que llama un nuevo mapa de las mediaciones, su idea se enfoca a la comprensión de las nuevas complejidades en las relaciones constitutivas entre comunicación, cultura y política, lo cual contribuye a sustentar el concepto de la comunicación estratégica en los colectivos sociales.

El esquema se mueve sobre dos ejes: el diacrónico o histórico de larga duración – entre matrices culturales (MC) y Formatos Industriales (FI) - , y el sincrónico: entre Lógicas de Producción (LP) y Competencias de Recepción o consumo (CR). A su vez, las relaciones entre MC y CR están mediadas por distintos regímenes de Institucionalidad, mientras las relaciones entre MC y CR están mediadas por diversas formas de Socialidad. Entre las LP y los FI median las tecnicidades, y entre los FI y las CR median las ritualidades (Barbero, 2003, p. 16).

Para este autor, la relación entre las matrices culturales y los formatos industriales lleva a estudiar “la historia de los cambios en la articulación entre movimientos sociales y discursos públicos, y de éstos con las modalidades de producción de lo público que agencian las formas hegemónicas de comunicación colectiva” (Barbero, 2003, p. 17). Explica cómo esa historia o ese estudio de la historia va en la perspectiva de los llamados estudios culturales y retoma las ideas de R. Williams para recordar que este tipo de enfoque implica hoy un lugar de complejos entramados de residuos e innovaciones, de anacronías y modernidades, de asimetrías comunicativas que llevan, de parte de los productores a “sofisticadas estrategias de anticipación” y de parte de los espectadores a la activación de nuevas y viejas competencias de lectura. Cuando hace referencia a la doble relación de las matrices culturales con las competencias de recepción y las lógicas de producción explica que ésta es mediada por los movimientos de socialidad y los cambios de institucionalidad.

La socialidad se genera en la trama de las relaciones cotidianas que tejen los hombres al juntarse, que es a la vez lugar de anclaje de la praxis comunicativa, y resultado de los modos y sus colectivos de comunicación, esto es de interpretación/constitución de los actores sociales, y de sus relaciones (hegemonía/contrahegemonía) con el poder (Barbero, 2003, p. 18).

En cuanto al funcionamiento de las lógicas de producción, Barbero señala que su comprensión moviliza una triple indagación: sobre la estructura empresarial –en sus dimensiones económicas, ideologías profesionales y rutinas productivas– sobre su competencia comunicativa –capacidad de interpretar/construir públicos, audiencias, consumidores- y muy especialmente sobre su competitividad tecnológica: usos de tecnicidad por los que pasa su capacidad de innovar. En este sentido el autor hace claridad al decir que. “Confundir la comunicación con las técnicas, los medios, resulta tan deformador como pensar que ellos son exteriores y accesorios”, además Barbero enfatiza, acorde con Milton Santos, en la trascendencia actual y las condiciones del funcionamiento de dichas lógicas de producción al afirmar que:

La mediación estratégica de la tecnicidad se plantea actualmente en un nuevo escenario: el de la globalización, al convertirse en conector universal de lo global. Ello no sólo en el espacio de las redes informáticas sino en la conexión de los medios –televisión, teléfono- con el computador replanteando aceleradamente la relación de los discursos públicos y los relatos (géneros) mediáticos con los formatos industriales y los textos virtuales. Las preguntas abiertas por la tecnicidad apuntan entonces al nuevo estatuto social de la técnica, al replanteamiento del sentido del discurso y la praxis política, al nuevo estatuto de la cultura, y a los avatares de la estética (Barbero, 2003, p. 14).

De otra parte, el autor explica en su esquema cómo la mediación de las ritualidades permite el nexo simbólico que sostiene toda comunicación:

(…)a sus anclajes en la memoria, sus ritmos y formas, sus escenarios de interacción repetición. En su relación con los Formatos Industriales (discursos, géneros, programas, parrillas, palimpsestos) las ritualidades constituyen gramáticas de la acción – del mirar, del escuchar, del leer- que regulan la interacción entre los espacios y tiempos de la vida cotidiana y los espacios y tiempos que conforman los medios. Lo que implica, de parte de los medios, una cierta capacidad de poner reglas a los juegos entre significación y situación (Barbero, 2003, p. 20).

El proceso y los indicios

Por ello, y bajo la premisa orientadora de que las organizaciones, objeto de estudio, están más mediadas que comunicadas, abordamos esta investigación. Si bien la misma corresponde más a un análisis particular, puesto que se seleccionaron seis (6) pequeñas y medianas empresas de diversos renglones de la economía, ubicadas en la ciudad de Medellín, los hallazgos encontrados podrían aplicarse a cualquier tipo de organización, máxime si consideramos que los procesos comunicativos responden más a asuntos propios de la producción y de los resultados de corto plazo, bajo una óptica que le da prioridad a las relaciones basadas en lo económico y no en lo humano. En este sentido, las organizaciones y, sobre todo, sus directivos privilegian el uso de tecnologías y medios informativos para establecer supuestos vínculos con sus empleados y en algunos casos sin ponderar la importancia de las mediaciones e interacciones humanas al interior de las mismas.

Esta investigación se abordó desde lo etnográfico cualitativo-cuantitativo, con un diseño no experimental transversal, y el método seleccionado fue el hermenéutico.

Para efectos de facilitar la lectura, esta investigación se dividió por capítulos. En el primero se trabaja lo relacionado con el marco de referencia de la investigación. Allí, se hace una reflexión sobre el tema y algunos antecedentes en el ámbito de la comunicación corporativa en el contexto de la ciudad y en entornos globales, caracterizados por una alta competitividad e incertidumbre. En el segundo capítulo, se hace el planteamiento del problema y se señala no sólo una pregunta orientadora, sino algunas otras complementarias y que fueron ejes temáticos paralelos al alcance de esta investigación. En el tercer capítulo se plantean los objetivos, tanto general como específicos, y en el cuarto se señala la conjetura guía. Se escogió el término conjetura guía y no hipótesis por considerarla más propicia para el tipo de investigación desarrollada.

Entre tanto, en el capítulo cinco se específica la memoria metodológica, hecho que se constituye en un ejercicio interesante, toda vez que es propósito del Grupo Corpus no sólo el abordaje de proyectos de investigación, sino hacer un acercamiento metodológico que sirva de referente para la línea de investigación seleccionada (comunicación corporativa) y para efectos de contribuir al proceso de formación de los estudiantes que han realizado semilleros de investigación y que participan como auxiliares de proyectos de investigación. En el capítulo seis se mencionan los alcances de la investigación y en el siete se aborda el marco teórico.

El análisis de las encuestas y las entrevistas corresponde al capítulo ocho, mientras que la conclusión general se relaciona en el capítulo nueve.

De esta manera, esta investigación pretende contribuir, desde la perspectiva de la comunicación corporativa, al debate sobre una necesaria comunicación más que información en las organizaciones.


En la óptica concluyente

La conclusión general de la información obtenida en la investigación presenta los resultados comparados de las encuestas y de la totalidad de las entrevistas realizadas, así como de los resultados arrojados por la observación directa, propia de lo etnográfico.

De acuerdo con la metodología utilizada, la conclusión general se construyó a partir del análisis parcial de las tres áreas temáticas propuestas, las cuales fueron explicitadas en el capítulo ocho de esta investigación. En los numerales siguientes se presentan las conclusiones referidas a cada una de las tres áreas temáticas, con especial énfasis en la tercera, que corresponde a la conjetura guía.
Conclusión referida a la primera área temática: elementos relacionados con la información (medios)

En la investigación empírica realizada, se estableció que una de las características más comunes entre las organizaciones estudiadas es que tienden a asociar la comunicación con herramientas o medios, es decir, con información. La información corresponde más a un elemento facilitador de procesos productivos, generando así expectativas no sólo para la dirección, sino también generando el umbral del rumor y de la segmentación en ambientes laborales. En este sentido, se colige que la asociación de la información con los procesos productivos y con la generación del rumor y la segmentación de ambientes labores corresponde a la aplicación de los modelos propuestos por Ruesch y Bateson, así como al modelo funcionalista de Watzlawick, Beavin y Jackson, referenciados desde el marco teórico de la presente investigación.

Las fuentes estudiadas responden indistintamente, pero en forma categórica, que en las organizaciones a las que pertenecen se adelantan más procesos informativos que comunicacionales. Un 92% de los encuestados afirmó que se privilegia la existencia de medios y canales de información y éstos se caracterizan por ser soportes tecnológicos para mediatizar las comunicaciones. Los medios más utilizados son Internet, memorandos, carteleras y boletines.

Una conclusión que se desprende de esta área temática se relaciona con la existencia de medios, más que mediaciones. Este hecho, no obstante refleja cierto nivel de importancia de las Pymes estudiadas por la utilización de medios o canales de comunicación a fin de garantizar eficacia y eficiencia en las múltiples y complejas dinámicas del sector productivo. Esta situación corrobora otro de los modelos del marco teórico, específicamente, el de Watzlawick, Beavin y Jackson, cuando señalan que la esencia de las percepciones no son cosas, sino funciones y nada más funcionalista que el privilegiar la aplicación de herramientas mediáticas como mecanismo para la consecución, funcional, de niveles, de eficiencia y eficacia en las organizaciones.
Conclusión referida a la segunda área temática: elementos relacionados con la comunicación (mediaciones).


Si bien en las fuentes encuestadas y entrevistadas no existe univocidad conceptual en sus respuestas, debido a los diferentes perfiles profesionales y empíricos, la investigación evidencia una gran confusión en términos de información y comunicación. En las entrevistas son múltiples los testimonios que dan por un hecho que ambos conceptos son iguales. Incluso, cuando se hicieron preguntas relacionadas con los procesos informativos y los procesos comunicativos, vía el mejoramiento del clima laboral o de las interacciones entre los distintos actores, las respuestas evidenciaron expresiones relacionadas más con medios e información que con comunicación propiamente dicha. Los boletines, las carteleras, el correo electrónico, el Internet son algunos de los términos utilizados para dar respuesta a los procesos comunicativos. Una de las fuentes entrevistada expresa que “se ha perdido esa parte del contacto con el cliente, interactuando directamente con nosotros en la comunicación de la información, ya se maneja muchísimo vía Internet”.

Las mediaciones, en particular, se presentan de forma esporádica en las organizaciones estudiadas. Al contrastar las diferentes variables metodológicas, se ha hallado con particular incidencia que, a pesar de las ayudas y del soporte que brindan los medios, son muchos los problemas e implicaciones que genera la deficiente comunicación en las PYMES estudiadas, mucho más cuando las personas encargadas de dichos procesos tienen poca formación sobre la importancia de los procesos comunicativos o, como se ha detectado en la presente investigación, están a cargo de dependencias que consideran que con el boletín, el correo, el instructivo laboral o la cartelera es suficiente como instancia comunicativa. El asunto, incluso, pasa también por la comunicación con los clientes externos: “La comunicación con ellos es vía e-mail o directo, pero directamente con el común de la compañía tengo cero comunicación con los clientes.”

Resulta evidente que en el campo de las mediaciones, las organizaciones estudiadas tienden a utilizar la tecnicidad como el gran mediador, dejando de lado los procesos de interacción comunicativa, así como lo explicita en sus referentes teóricos Barbero desde las implicaciones de los medios y mediaciones.

Las Pymes estudiadas involucran la comunicación como un elemento más del proceso productivo. La prioridad de estas organizaciones se relaciona con el acto de informar procesos y resultados en términos de producción y muy pocas veces en términos de interrelación entre sus diferentes públicos. En la observación directa (trabajo de campo), se aprecia que las comunicaciones entre gerencia y empleados son distantes y frías y, se caracterizan por una especie de distorsión comunicativa por efectuarse, en la mayoría de los casos, de manera verbal y unilateral. Incluso, en las encuestas y en la selección de los actores entrevistados, fue evidente la influencia que generan los directivos en los procesos de comunicación. Al decir del modelo de Maletzke, estas influencias generan presiones particulares que ejercen las condiciones psico-sociales sobre el emisor (comunicador), perceptor, mensaje y medio. Tanto los emisores como perceptores de las organizaciones estudiadas están condicionados por aspectos psico-sociales y sus comportamientos están condicionados no sólo por su papel o rol en las organizaciones, sino también por las condiciones propias de los interlocutores y el entorno social. En el trabajo de campo, en particular, fue apreciable condicionantes del entorno, sobre todo, en aquellos que reciben la información.
Valoración y conclusión general sobre la conjetura guía.

La contrastación de la conjetura guía, tanto en las encuestas como en las entrevistas realizadas, da cuenta de que la mayoría de las fuentes está de acuerdo con la misma.

Del análisis se desprende que no existe una relación directa entre los medios internos de comunicación e información y la comunicación interpersonal al interior de las organizaciones estudiadas. Esta relación corresponde más a una necesaria respuesta por la producción y el eficientismo propio del mundo empresarial que de una política concreta y explícita sobre el mejoramiento de las interrelaciones entre los diferentes actores o públicos de las pequeñas y medianas empresas estudiadas.

Una de las fuentes entrevistadas señala que “lamentablemente la mayoría de las empresas creen que los medios afianzan procesos comunicativos, cuando lo que están afianzando son procesos informativos”. Situación que no solo se inserta desde la perspectiva funcionalista de Watzlawick, Beavin y Jackson, sino también desdenel modelo estructuralista de Moles y Rohmer, ya que La comunicación, en ambos modelos, corresponde más a una intencionalidad pragmática por los resultados, las funciones y la reproducción de la estructura organizacional que con la acción propia de las interacciones de la comunicación humana.

En el mismo sentido, esta fuente agrega que “las empresas se valen de los medios para informarse, pero no para comunicarse porque a través de los medios no se están generando interacciones”.

A través de las herramientas y técnicas de recolección de la información es evidente la aplicación de varios de los modelos reseñados en el marco teórico. Sin embargo, el modelo de medios y mediaciones de Barbero resulta ampliamente aplicable a los actores de este trabajo, toda vez que ellos dan evidencia del hecho de apelar más a la utilización de medios que se constituyen en espacios para la condensación e intersección de redes de poder. La aplicación de una tecnicidad de la información se constituye como la “gran mediadora” en las organizaciones estudiadas.

De las fuentes primarias analizadas, así como de los análisis y conclusiones parciales de las tres áreas temáticas definidas, se observó que no existen indicios que hagan presumible el hecho de que la conjetura guía de la investigación haya sido falsada.

Teniendo en cuenta lo anterior y considerando los objetivos y las preguntas de la investigación, se puede afirmar que las pequeñas y medianas empresas estudiadas poseen más y mejores tecnologías para los procesos multidireccionales de comunicación y también distintos medios de información que comunicación en términos de interacción entre los diferentes sujetos que las integran. En las seis pequeñas y medianas empresas estudiadas, cuya jurisdicción corresponde al Municipio de Medellín, esta tendencia a la saturación de medios puede producir efectos contrarios a los pretendidos, es decir, que en lugar de estar mejor comunicados, están más incomunicados.

De la información obtenida se concluye que estas organizaciones cuentan con más tecnología de información y medios de comunicación empresariales u organizacionales, que con comunicación en términos de interacción y desarrollo de comunicación interpersonal asertiva. Así mismo, las organizaciones estudiadas están comprometidas más con aspectos de visión e imagen externa – puramente mercantil o comercial- que en la instauración y acompañamiento de procesos que impliquen la elaboración de una imagen corporativa coherente entre la organización y sus inmediatos colaboradores en materia de interacción e interrelaciones, esencias de la comunicación.

Además de comprobar que la conjetura guía no fue falseada, la presente investigación también permitió hallar respuestas a algunas de las preguntas complementarias. En las pequeñas y medianas empresas estudiadas, por ejemplo, no es posible hablar de comunicación en términos de interacción, puesto que éstas lo que más utilizan es información. La información, incluso, es un proceso que responde más a una necesidad de la dirección y la gerencia de las organizaciones estudiadas que a verdaderos procesos de interacción comunicativa. La mayoría de las fuentes afirma que la comunicación es muy importante para la relación entre la dirección y los empleados.

Del análisis se desprende que los diferentes públicos de las organizaciones estudiadas son conscientes de la importancia de los procesos comunicativos, pero dado que aquellos corresponden más a políticas desde la dirección y la gerencia, entonces se privilegian más los procesos informativos. Desde la dirección y la gerencia, éstos obedecen más a modas administrativas que a discursos que hayan sido sometidos a revisión o análisis por parte de los diferentes actores de las organizaciones estudiadas. Así lo expresan las entrevistas correspondientes, cuando señalan que las políticas de comunicación obedecen más a un direccionamiento desde la gerencia.

Si bien la tendencia actual de las organizaciones estudiadas se inclina a favor de la relación entre más medios y producción, de las respuestas obtenidas se observaron ciertas fisuras entre la naturaleza de los soportes tecnológicos y las interacciones comunicativas que se gestan entre los distintos tipos de públicos involucrados en las pequeñas y medianas empresas estudiadas.

De los hallazgos encontrados se puede afirmar que las empresas estudiadas tienen más medios que comunicación interpersonal y colectiva y cuentan con más tecnología de comunicación y medios de información empresariales u organizacionales, que con comunicación en términos de interacción y desarrollo de comunicación interpersonal asertiva. Además, la forma como se desarrolla la comunicación de y en las organizaciones estudiadas termina con serios vacíos en la comunicación interpersonal al interior de las organizaciones.

Así mismo, se corrobora desde las respuestas obtenidas que es posible afirmar que el hecho de privilegiar más los procesos de información ocurra, en gran medida, por una falacia organizacional de suponer que con el desarrollo de medios de información se superan los problemas de comunicación.

Puede afirmarse que la cantidad de medios de comunicación en las organizaciones estudiadas no asegura óptimos procesos y niveles de comunicación. Incluso sería posible que en algunos casos el impacto de los medios perjudique los flujos de comunicación interpersonal y, por ende, las relaciones al interior de la organización. En el diario de campo, y como parte de la observación directa, se aprecia que los encuestados responden a las preguntas del cuestionario con cierto temor de que puedan ser utilizados en su contra si se atreven a decir cosas que van más allá de los alcances de la encuesta propiamente dicha. El temor es mayor si en el lugar de la encuesta, se evidencia la presencia de un directivo de la organización.

Por ello, y como propuesta y tal como se señaló en el planteamiento del problema y en el marco de referencia de la presente investigación, la comunicación debe pensarse desde los procesos y no únicamente desde las técnicas y las tecnologías, menos aún desde los efectos. Una mirada meramente funcionalista, o aún mecanicista de la comunicación, condena la interacción y construcción humanas a la cosificación. Este planteamiento, no desvirtúa ni menoscaba el papel de los medios y las tecnologías. Lo que se pretende enfocar es el balance y real valoración de los procesos informativos y los procesos comunicativos y el papel de estos últimos al lado del desarrollo de las estrategias de comunicación en los colectivos sociales.

Si bien esta investigación corresponde a un análisis de seis pequeñas y medianas empresas, pertenecientes a diversos renglones de la economía y con sede en el Municipio de Medellín, y, por lo tanto, las conclusiones no pueden generalizarse, vale la pena preguntarse si ¿no ocurre lo mismo en las demás organizaciones, sean éstas públicas, privadas, pequeñas, medianas o grandes empresas?
Finalmente, podemos deducir que es pertinente e imperativo explicar la necesidad de estudiar las estrategias de desarrollo de la comunicación desde diversas miradas que no se agotan en los medios y más bien se plantean en la construcción entre medios y mediaciones. Como ha dicho Barbero sobre su esquema:
Lo que busco con este mapa es reconocer que los medios constituyen hoy espacios claves de condensación e intersección de múltiples redes de poder y de producción cultural, pero alertar al mismo tiempo contra el pensamiento único que legitima la idea de que la tecnología es hoy el ‘gran mediador’ entre los pueblos y el mundo, cuando la tecnología media hoy más intensa y aceleradamente es la transformación de la sociedad en mercado, y de éste en principal agenciador de la mundialización (en sus muy contrapuestos sentidos) (Barbero, 2003, p. 21).


Nota aclaratoria - Cita
¨ Luis Horacio Botero Montoya. Comunicador-social-periodista U de A - Magíster en Ciencias de la Administración EAFIT, Jefe de Programa de Comunicación y Relaciones Corporativas U de M -
¨ Uriel Hernando Sánchez Zuluaga. Comunicador Social y periodista de la U de A. Magíster en Educación P.Universidad Javeriana, Jefe de Relaciones Internacionales U de M.
¨ Julio César Acevedo Tabares. Filósofo USTA. Magíster en Educación Superior Pontificia Universidad Javeriana, Docente de Tiempo completo de la Universidad de Medellín.
¨ Carlos Alberto Galvis Ortiz. Comunicador Social y Periodista, Universidad Jorge Tadeo Lozano de Bogotá. Licenciado en Español y Literatura, Universidad del Quindío, magíster en Educación, Universidad Católica de Manizales
¨ Víctor Hugo Zapata Madrigal. Comunicador social- periodista. Docente de Tiempo completo U de M.
[1] Este tema está ampliamente desarrollado en “Comunicación corporativa y revolución de los servicios” (Costa, 1995) e “Imagen corporativa en el siglo XXI” (Costa, 2001). Uno de los grandes aportes a la comunicación empresarial hecho por Costa que sustenta epistemológicamente Comunicación Corporativa



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sábado, 8 de agosto de 2009

Clase esta semana

Un saludo estudiantes:

Debo estar hasta el miércoles 12 de agosto en Bogotá. Por eso, lean estos documentos para discutirlos la próxima sesión.

Muchas gracias.

jueves, 6 de agosto de 2009

Más periodismo narrativo

Por: Andrés Puerta

Cuando hay personajes, hay periodismo narrativo

A los personajes del periodismo literario se les debe dar vida en el papel, exactamente como en las novelas, pero sus sensaciones y momentos dramáticos tienen un poder especial porque sabemos que sus historias son verdaderas
Norman Sims
Una de las grandes diferencias entre el periodismo informativo y el periodismo narrativo es la aparición de personajes, personajes completos, como los de la literatura. En el periodismo narrativo existen personajes porque logramos conocer su descripción física, pero, más importante, porque podemos percibir aspectos de su psicología y conocer la psicología permite medir la intención del autor.

No puede haber acción sin personajes y el lector tiende a verse relejado en uno de ellos. En el periodismo narrativo, como expresa Tomás Eloy Martínez (2006), se busca el rostro humano detrás de la noticia, ese con el que los lectores puedan sentir afinidad, en el que puedan encontrar su propia historia o una historia que puede sucederles.
La reportería[1], el gran ingrediente

Descubrí que uno tiene que comprender una gran cantidad de cosas aunque sólo sea para escribir un pequeño fragmento
John McPhee

Cuando se quiere escribir un buen texto sin tener que inventarse nada, esa restricción tiene que suplirse mediante una rigurosa investigación. Unas técnicas de campo que, en periodismo, confluyen en una palabra reverencial: reportería. Hay que conversar con los personajes, y también consultar a expertos para conseguir la información que no se posee, hay que entrevistar a varias personas, describir sensaciones, buscar la cara humana de la notica. Un periodista, como un novelista, no tiene la obligación de saber acerca de todo, pero sí tiene el compromiso ineludible de averiguarlo, de investigar, de hacer reportería exhaustiva.

La buena reportería se ocupa de distintos aspectos, trata de responder a todas las preguntas, es totalizante, no deja ningún dato suelto, intenta retratar todos los subtemas que tienen que ver con el tema principal, presenta un universo completo.

Para investigar, plantea Daniel Santoro[2], hay que tener una gran capacidad glúteo cerebral. Estar dispuesto a sentarse mucho rato, a llenarse las manos de tinta y la nariz de ácaros. A tener la misma actitud de los Muck-rakers[3] norteamericanos, esos periodistas “rastrilladores de estiércol”, que se dedicaron a evidenciar la basura de la política en Estados Unidos, cuyo ejemplo más famoso es el de Carl Bernstein y Bob Wodoard, quienes denunciaron el caso Watergate.

Los norteamericanos, como siempre, dicen haber inventado este tipo de periodismo, pero los argentinos, que nunca quieren quedarse atrás, están convencidos de que fueron ellos y para probarlo, una vez más, como hicieron con el Nuevo Periodismo, sacan la bandera de Operación Masacre, la novela de Rodolfo Walsh, pero antes que Walsh estuvo Rogelio García Lupo, quien denunció un caso de los ferrocarriles argentinos; también estuvo, en Nicaragua, Gregorio Soler. En Colombia, el gran ejemplo es la unidad investigativa que tuvo el periódico El Tiempo, con Daniel Samper, Alberto Donadío y Gerardo Reyes a la cabeza, pero antes que ellos estuvo José Antonio Osorio Lizarazo quien en sus novelas y en sus crónicas denunció los abusos a los que eran sometidos los seres marginales de la Bogotá de principios y mediados del siglo XX.

En la investigación periodística hay que tener en cuenta las entrevistas, los documentos, las fuentes y las citas bibliográficas. Hay que buscar antecedentes, personas, instituciones, empresas, visitar bibliotecas, archivos, centros de documentación.

El periodismo y la literatura

La literatura es una noticia que siempre es noticia
Ezra Pound

La literatura y el periodismo han tenido una relación estrecha, unos lazos que las han emparentado y enriquecido. Ese vínculo se hace más claro en el Nuevo Periodismo, que los norteamericanos dicen haber inventado, pero que ya estaba latente en la obra de Daniel Defoe[4], en el Diario del año de la peste; en la de José Martí[5], y, más contemporáneamente, en el Relato de un Náufrago[6] de Gabriel García Márquez. Este tipo de periodismo se vale de unas técnicas similares a las de la literatura, como contar el relato escena por escena; el manejo del tiempo y la tensión para crear atmósferas y dar cuenta de los hechos que los ocupan. Inclusive, ambas son construcciones del lenguaje y a él se deben. El periodismo narrativo tiene el compromiso con la información, pero además con el componente estético.

Es cierto que, como han planteado escritores y teóricos, los escritos en los periódicos envejecen muy rápido; pero tienen una forma particular de envejecer, en tanto son una muestra de lo social, una manera para transmitir el conocimiento. El periodismo narrativo tiene además la particular característica de trascender en el tiempo, se puede leer una buena crónica de hace mucho tiempo e identificar todos los elementos de validez que se encuentran en un buen relato literario, en el que se establece un diálogo entre el lector y el escritor de cualquier época.


Periodismo con una mirada subjetiva
Un periodismo que toma decisiones como el tipo de narrador que va a utilizar, que desecha gran cantidad de información, que incorpora anécdotas y detalles que, al periodismo de primera plana, pueden parecer insignificantes; un periodismo que reconstruye atmósferas, lugares, personajes; un periodismo en el que se notan las particularidades del periodista que lo escribe; que escoge temáticas sin necesidad de que provengan de historias espectaculares, necesariamente tiene una mirada subjetiva.

La profesora y periodista Patricia Nieto[7], plantea, en el prólogo del libro Escribiendo historias. El arte y el oficio de narrar en el periodismo, del escritor y periodista Juan José Hoyos[8] (2003), que:

Los combates por la narración en el periodismo se libran en la arena de lo subjetivo, y ello sugiere que los periodistas desean conquistar la ambigua franja donde se unen lo público con lo político, lo colectivo con lo privado, lo íntimo, lo individual. Esta tendencia, subversiva si se quiere, se ha extendido sobre campos antes exclusivos de literatos, antropólogos, historiadores y filósofos. (Nieto. En: Hoyos, 2003, p. 5).

En el periodismo narrativo es importante la interpretación, esa parte subjetiva que menciona Patricia Nieto (2003). Las crónicas, como los cuentos; los reportajes, como las novelas, no son la realidad, son una representación de esa realidad, y se acercan a lo que George Stainer[9] (2000) ha denominado posficción, ese campo en el que hay una delgada línea entre la ficción y lo fáctico. Eso sí, con la claridad absoluta de que en el periodismo no hay lugar para aquello que se inventa, no cabe la mentira.

El asunto de la subjetividad en el periodismo parece un equívoco, si miramos al periodismo desde su concepción tradicional o si nos apegamos a la definición del periodismo informativo, pero el periodismo va más allá de la noticia, en él están presentes otros géneros en los que es necesario el componente subjetivo, la mirada, la interpretación, el análisis, la descripción del periodista que los realiza.

El buen periodismo, ese que han llamado Nuevo Periodismo, Periodismo Literario, Literatura de Hechos, Literatura de no ficción, Periodismo Personal, Paraperiodismo o el arte de narrar en el periodismo, como lo definiría Juan José Hoyos (2003), es subjetivo y omnívoro, porque toma elementos de las distintas disciplinas de las Ciencias Sociales y las distintas disciplinas de las Ciencias Sociales toman elementos de él. Este tipo de narraciones, como lo demostraron Luis Tejada[10], García Márquez y Osorio Lizarazo se pueden transformar en una forma de literatura.

La noticia deja de ser objetiva, la objetividad como la verdad son conceptos relativos, lo que busca este tipo de periodismo es ser preciso, consultar el mayor número de fuentes posibles para acercarse al hecho, hacer una investigación responsable, contrastar distintos tipos de fuentes y, por supuesto, que el periodista interprete los datos, que no sea un agente pasivo, un simple transmisor de información.

Uno de los valores periodísticos que actualmente sufre toda suerte de ataques es el de la objetividad. La objetividad se puede entender en dos sentidos: como una búsqueda de la verdad, o como un total apartamiento emocional e ideológico del periodista frente a la noticia. No hay duda de que la segunda es, al menos entre seres humanos, un mito. Toda noticia, todo reportaje, está lleno de decisiones de tipo personal del periodista […] El contenido de objetividad como cualidad periodística se ha renovado en el sentido que se lo entiende ahora como la actitud profesional a favor de la verdad. (Gordimer, 1997, p. 30).

La premio Nobel de 1991, Nadime Gordimer, entiende que el periodismo no puede transmitir la realidad, únicamente puede representarla. Tiene claro que las noticias o las crónicas o los reportajes son escritos por seres humanos, que tomarán decisiones que afectarán el escrito: ¿qué voy a contar? ¿Cómo lo voy a contar? ¿Qué enfoque le daré al texto? ¿Qué tipo de fuentes utilizaré? ¿Cuál género será el más adecuado para mi historia? Son interrogantes que condicionan el texto que se produce y lo que le llegará a los lectores; pero también entiende que estas decisiones deben ser responsables y se debe buscar la mayor precisión posible.

Oriana Fallaci[11], en una entrevista con la revista Time, ratificó estos conceptos, afirmó que odiaba la palabra objetividad, que prefería referirse a lo “correcto” y a lo “honesto”, y agregó: “Mis entrevistas nunca son frías. Porque me enamoro de la persona que está frente a mí, así la odie. Una entrevista es para mí una historia de amor. Es una pelea. Es un acto sexual” (Fallaci, 1975, 20 de octubre. Time. p. 47).

Tomás Eloy Martínez (2006) también ha reflexionado sobre el tema de la objetividad y ha expresado: “De todas las vocaciones del hombre, el periodismo es aquella en la que hay menos lugar para las verdades absolutas. La llama sagrada del periodismo es la duda, la verificación de los datos, la interrogación constante” (Martínez, 2006, p. 38). En el periodismo siempre hay que tener una determinada inclinación hacia la duda, hacia la confirmación, hacia la vivencia.

Relaciones incestuosas entre el periodismo y la literatura

En una sociedad en la cual los estudiantes aprenden que hay dos clases de escritura, la ficción y el periodismo, y que el periodismo es en general una prosa opaca, hacer periodismo literario es un negocio difícil.
Norman Sims

El periodismo y la ficción, asociada a literatura, son dos universos diferentes y presenta un amplio escenario para indagar cómo pueden encontrarse la literatura y lo fáctico, en textos periodísticos que pueden tener valor estético.

El periodismo como una modalidad de discurso, desde su génesis, comparte distintas características con la escritura que se considera tradicionalmente como literaria, es decir, como arte del lenguaje. El periodismo no es una imagen que refleja la realidad, sino una construcción, una representación de ésta. Y construcción quiere decir que es una producción discursiva, con todas las características que puede tener una representación de una obra literaria.

La teoría contemporánea de los géneros enseña que el género literario no debe entenderse como un sustrato metafísico. El género no es una esencia, sino un producto histórico: hay géneros que dejan de cultivarse, mientras otros aparecen como resultado de fusiones, mezclas, ensayos o trasgresiones de categorías existentes. En este sentido géneros como la epopeya son considerados en desuso, y géneros como la crónica o el reportaje, podrían considerarse como literarios, a partir de sus relaciones, sus aportes, sus construcciones comunes. Además, como plantea Tzvetan Todorov[12] (1988), “Un nuevo género es siempre la transformación de uno o de varios géneros antiguos: por inversión, por desplazamiento, por combinación” (Todorov, 1988, p.34).

Manuel Silva Rodríguez (2007) habla acerca de las relaciones entre periodismo y literatura y lleva la problemática más allá de lo meramente formal, a través del análisis a la obra de Truman Capote[13] intenta una reformulación del concepto de literatura canónica, inclusive, esboza un intento de ampliación del horizonte estético.

No se trata de trasladar técnicas o procedimientos de un campo a otro, sino de poner en cuestión el concepto mismo de literatura privilegiado por la tradición. A la luz de la noción más convencional de lo que se puede entender como literatura, el trabajo de Capote aparecía como un verdadero oxímoron: novela de no- ficción, o sea, literatura sin invención. (Silva, 2007, p. 67).

Para fundamentar sus planteamientos, Silva Rodríguez (2007) recurre a la opinión de varios teóricos que coincidieron en señalar esas características de fondo, y de forma, que tiene el periodismo narrativo, y centra su atención en la diferencia entre lo imaginativo y lo imaginario. En el periodismo puede haber textos muy imaginativos, que requieren un gran esfuerzo intelectual de sus autores. Lo único que quedaría excluido sería lo imaginario, lo ficcional:

La novela de Capote, pues, puso al descubierto que, para crear literatura, para que un texto adquiera valor literario, no necesariamente tiene que tratar de cosas imaginarias, hablar de lo que podría ser, sino que puede tomar como material lo que ya fue, lo existente [...] en arte, y por lo tanto en literatura, importa menos el qué (en este caso su naturaleza, si es ficticio o no) que el cómo. Importa más cómo está configurado el material, es decir cómo se organizan los elementos y conforman un todo coherente, que de dónde procede, si de la imaginación del autor o de la realidad fáctica. En otros términos, recordando la estética de Adorno, podríamos decir que aquello que inventa o descubre el autor es el cómo, la forma adecuada a su material. (Silva, 2007, p. 67).

Silva inclusive se remonta a las reflexiones de los griegos y plantea unos posibles errores de interpretación de la crítica a las teorías planteadas por los clásicos, y formula nuevas interpretaciones que apoyarían el hecho de que algunos textos periodísticos puedan considerarse literatura.

Pese a que se ha prestado más atención a la parte en que Aristóteles dijo que el poeta escribe sobre aquello que podía ser, el mismo filósofo agregó después lo siguiente: “De todo lo dicho se desprende con claridad que el poeta debe ser más un hacedor de tramas que de versos […] Y si en algún caso se hace objeto de su poesía sucesos reales, no por ello es menos poeta”. (Silva, 2007, p. 67).

Otra reflexión de Silva Rodríguez (2007) tiene que ver con la recepción de la obra de arte. De nuevo, a partir de la obra de Truman Capote, y de la subversión a esta problemática estética: “En efecto, se trata de la reafirmación de que por fuera de los cánones y de la teoría que pretenden predeterminar qué es arte, en última es en el momento del contacto del receptor con la obra cuando se reconoce la calidad estética o no de la creación”. (Silva, 2007, p.67).

La estética y la recepción de las obras estéticas no pueden ser estáticas; hay momentos en los que es necesario analizar tendencias diferentes a las dominantes, ampliar los horizontes. Esto es fundamental ya que, según expresa Silva Rodríguez (2007):

Como postula Heidegger, la experiencia del arte es un shock a nuestra forma habitual de ver las cosas que nos mueve a verlas de otra manera, en obras como éstas donde no hay ficción su grandeza radica en que aun estando el lenguaje ligado a la realidad efectiva, por la organización total del material que le da cuerpo la obra trasciende el nivel informativo y nos comunica más que los datos escuetos tomados de los hechos reales. Es porque las convenciones estéticas se han roto, que el pensamiento estético más contemporáneo ha trasladado la pregunta de qué es el arte hacia los interrogantes de dónde o cuándo hay arte. (Silva, 2007, p. 67).

Estos postulados están en la misma línea que expresa el teórico francés Gerard Genette (1991), en su texto Ficción y dicción, en el que plantea la existencia de un criterio temático y otro formal para la consideración de un texto como literario. Inclusive, piensa que:

Por ser un fenómeno plural, la literaridad exige una teoría pluralista que se haga cargo de las diversas formas que tiene el lenguaje de escapar y sobrevivir a su función práctica y producir textos susceptibles de reconocimiento y apreciación como objetos estéticos. (Genette, 1991, p. 27) .

En este postulado es clara la necesidad de no ser estáticos en la apreciación y está la certeza de no determinar a la ficción como único criterio para definir la literariedad (eso que le concede su carácter de literario a un texto). Manuel Silva Rodríguez (2007) reivindica estos elementos en la obra de Truman Capote, pero antes de Capote estuvo Daniel Defoe, Rodolfo Walsh[14], y también Osorio Lizarazo.

El lenguaje está ligado a la realidad y trasciende lo meramente informativo, tiene una poética de lo real. Los textos de periodismo narrativo no centran su literariedad en lo ficcional, sino en la forma, una narración que trabaja con la investigación rigurosa y muestra las particularidades de una ciudad en la que dominaba la pobreza. Mijail Bajtin (1989) plantea que la novela es uno de los géneros más amplios que existe, y ya se demostró que se podía hacer novela sin necesidad de la ficción:

La novela permite la incorporación a su estructura de diferentes géneros, tanto literarios […] como extraliterarios. En principio, cualquier género puede incorporarse a la construcción de la novela; efectivamente, es muy difícil encontrar un género que no haya sido incorporado nunca por alguien a la novela. (1989, p. 435).

Dentro de esta técnica es importante tener en cuenta la opinión de Germán Santamaría[15] (1997), uno de los grandes cronistas de las últimas décadas en Colombia, quien describe una metodología importante:

Creo que en el periodismo sí es posible plantear hallazgos estéticos, hallazgos que perduren por la belleza y que le den a los lectores una sensación de espiritualidad, de rabia, de amor, de rechazo, de ira, de violencia, de cuestionamiento o de gran belleza, de gran sutileza, inclusive de dimensión musical. (Santamaría, 1997, p.11).

Esta metodología cumple la premisa que promulgaba Joseph Pullitzer, citado por Velásquez (2005), entre sus reporteros “hazlos reír, hazlos llorar, pero provócales emociones” (2005, p. 91). Una manera de observar la escritura, lo literario a través de lo real, y esa premisa de que se pueden construir textos literarios con lo periodístico se puede comprobar con la lectura del cronista de cronistas en Colombia: Luis Tejada, sobre el que Luis Germán Sierra (2008) escribió:

Aunque la escribió toda en periódicos y revistas: de Medellín, de Bogotá, de Pereira, de Barranquilla, la suya es de las más genuinas literaturas, de las más sobrias, de las más elegantes, de las más inteligentes, también de las más divertidas y a veces de las más irónicas. Pero no era ficción lo suyo sino pequeñas crónicas, es decir, asuntos de la realidad, del pasar cotidiano [...] cientos de crónicas, de breves ensayos en los que puso, sin excepción, una dosis tal de sensibilidad, de sabiduría natural y de percepción poética, que, 110 años después, no sólo es muy difícil parangonarlos con alguna otra obra en nuestro medio y aun en un medio distinto al nuestro, sino que conservan intacta su lozanía, su frescura juvenil, su delicada y sutil elegancia. (Sierra, 2008, p. 6).

El periodismo también ha contribuido al desarrollo de la literatura, la obra literaria de Luis Tejada está conformada por crónicas, que son piezas sensibles de realidad, este aporte también lo podemos vislumbrar a través de la lectura de ese fragmento del acta del premio Nobel que le fue concedido a Gabriel García Márquez que dice: “por su obra literaria y periodística”. Un premio eminentemente literario que reconoce, además de lo obvio: el aporte de la literatura, la contribución de lo fáctico en la obra de, quizás, el mejor periodista colombiano de todos los tiempos.

William Faulkner[16]., hablando sobre sus novelas afirmó: “Todos mis personajes son gente a la que conozco y sobre la que hice muchas averiguaciones” Uno de los grandes maestros del periodismo narrativo, Gay Talesse, en una entrevista realizada por Boyton (2005), planteó:

Quiero transmitir el asombro de la realidad. Creo que si uno excava lo suficiente dentro de los personajes, éstos se vuelven tan reales que sus historias adquieren un aire imaginario. Parecen de ficción. Yo aspiro evocar la corriente ficcional que fluye bajo el río de la realidad. (2006, p. 19).

Personajes reales, transmitir el asombro de la realidad, un literato como Faulkner; un periodista como Talesse, que comparten técnicas narrativas, recursos intercambiables, una relación incestuosa entre el periodismo y la literatura que les ha aportado métodos, maneras de trabajar y de concebir la escritura.

El periodismo como trasmisor de conocimiento

Cada noche, después de contarles historias a sus nietas, Somerset Maugham iba hasta la puerta y las miraba una vez más, rendidas al sueño: «Sentía allí que un narrador, en el fondo, no es más que eso: el que apaga la luz». Un cronista, por el contrario, vendría a ser el que la enciende
Julio Villanueva Chang

Cuando se escribe se comparte el saber, la experiencia y lo que se investiga, se establece un diálogo entre el escritor y el lector de cualquier época, en esta conversación interviene el saber y el acervo cultural de cada uno. Por eso uno de los principales fines del periodismo es la transmisión de conocimiento, dejar huella de la sociedad y de la época en la que se escribe. En este propósito cumple un papel fundamental la crónica, desde su etimología: Chronos, tiempo; este género se ha encargado de registrar la sucesión temporal desde que el ser humano adquirió el lenguaje, desde esa feliz conjunción entre lengua y habla.

Se habla de crónica a partir las primeras civilizaciones que intentaron dejar testimonio de sus costumbres, la crónica está presente en la Biblia, en el Génesis, en el principio, rico en testimonios. También hay crónica en los griegos y romanos quienes documentaron el esplendor de sus civilizaciones; hablamos de los Cronistas de Indias, quienes maravillaron a Europa con lo que encontraron en el Nuevo Mundo, grandes hombres como Alejandro Magno tenían cronistas a sueldo para registrar sus hazañas.

Mucho se ha criticado al periodismo por tener una fecha de vencimiento muy próxima, por tener una caducidad casi inmediata, pero esa evanescencia temporal desaparece cuando el periodismo que se hace tiene un componente estético y logra capturar el ambiente, las costumbres, la cultura en la que se produce. Por eso, las investigaciones de las ciencias sociales, y hasta de la literatura, comienzan con una revisión de la prensa, por eso podemos sorprendernos frente a una crónica escrita hace varios años.

En la cartilla número 13 del Legado del saber, que publicó la Universidad de Antioquia como parte de la celebración de sus 200 años, llamada Literatura de urgencia, Juan José Hoyos (2003), plantea que: “El periodismo ha sido tal vez la actividad humana que, junto con la historia, la literatura y otras artes como el teatro y el cine, les ha permitido de manera más profunda a los hombres conocerse a sí mismos y arrojar luz sobre su propia historia”. (Hoyos, 2003, p. 12).

Ese conocimiento nace de la posibilidad de mirar el reflejo de una época, de rastrear las costumbres, los modos de vida, el habla de la gente. Hay corrientes literarias que se imponen y determinan el tipo de literatura que se produce en algunos momentos, por eso el periodismo, ansioso de contar lo que pasa en un lugar determinado, en un tiempo determinado, con el privilegio del aquí y el ahora, constituye una fotografía fundamental, un espejo en el que las generaciones del futuro, cualquier futuro, pueden mirar y conocer lo que sucedía y cómo sucedía. En ese sentido, es necesario que el reportero sea detective, obrero, pero también un sujeto con los sentidos dispuestos a ver, oler, escuchar y capturar una época. Es necesario un periodista que sea consciente de que no escribe para el momento sino para capturar el momento que más adelante puede ser consultado. Esto sería, como escribió Juan Villoro[17], citado por Julio Villanueva Chang[18] (2006), “un modo de improvisar la eternidad”.

Norman Sims, en Los periodistas literarios o el arte del reportaje personal (1996), plantea que “como los antropólogos y los sociólogos, los reporteros consideran que comprender las culturas es un fin” (1996, P.15), los periodistas buscan que la acción hable, que sus relatos sean una manera de entender y retratar la cultura en la que viven. El investigador Donaldo Alonso Donado Viloria en su estudio titulado Crónica anacrónica. Un estudio sobre el surgimiento, auge y decadencia de la crónica periodística en Colombia (2003) señala a su vez que: “La crónica es memoria escrita”. La crónica y el periodismo, en general, sirven para dejar testimonio de la época en la que se escriben. La escritura permite que esa huella se conserve, que no sea una sustancia etérea que puede evaporarse.

Para lograr estas condiciones se necesita un nuevo periodista, en su definición, Julio Villanueva Chang propone unas nuevas responsabilidades de géneros como la crónica

… para un lector una crónica ya no es tanto un modo literario de «enterarse » de los hechos, sino también una forma de «conocer » el mundo. La crónica se ha vuelto una forma de conocimiento. Un cronista ya no es sólo un escritor de la información. Se necesitaba una definición más ética. Ahora su tarea parece ser contar una historia de verdad y evidenciar los síntomas de su época. Se trata de convertir el dato en conocimiento. (Villanueva Chang, 2006, p. 57).

Convertir el dato en conocimiento es ir más allá de lo estadístico, es responder al componente estético, procurando lograr una asociación que le permita al lector entender y aterrizar una cifra y al componente informativo entendiendo que se hace periodismo y no es suficiente con que se escriba bonito.

Pero no sólo la crónica asume esta responsabilidad, para establecer la diferencia entre el periodismo perecedero y aquel que trasciende debemos analizar un concepto básico, el de géneros periodísticos. Para el profesor Martínez Albertos, citado por César Mauricio Velásquez, en el Manual de géneros periodísticos (2005) éstos son “aquellas modalidades de creación lingüística destinadas a ser canalizadas a través de cualquier medio de difusión colectiva y con el ánimo de atender a los dos grandes objetivos de la información de actualidad: el relato de acontecimientos y el juicio valorativo que producen tales acontecimientos”, es decir, los géneros periodísticos, independiente del medio en el que se presenten, son formas de creación lingüística en las que es posible opinar, narrar y describir, en ellos hay un autor, con nombre propio; puede existir un narrador, unos personajes, un tiempo, un espacio, como en la literatura.

El concepto de género periodístico, según Velásquez (2005) fue utilizado inicialmente por Jacques Kayser quien en 1952 veía en este concepto uno de los criterios para la clasificación de los contenidos de la prensa.

La teoría clasificadora de los géneros periodísticos no se creó inicialmente con una preocupación filológica o literaria, sino más bien como una técnica de trabajo para el análisis sicológico de carácter cuantitativo de los mensajes que aparecían en los periódicos, posteriormente se perfiló como una doctrina filológica propia de la sociolingüística, de gran utilidad para hacer valoraciones críticas de carácter literario y lingüístico (Velásquez, 2005, p. 15).

Desde un principio los géneros periodísticos buscaron definir una literariedad de determinadas formas de ofrecer las noticias, maneras para cumplir con el doble compromiso del contenido: la información y un componente estético: la forma.

Es importe aclarar, eso sí, el planteamiento de Gomis, citado por Velásquez (2005)

los géneros son modos convencionales de captar y traducir la realidad. Las reglas por las que se rigen son bastantes flexibles y admiten muchas variedades. Lo fundamental, sin embargo, es que cada uno de ellos cumple una función distinta y cubre un sector de ese amplio arco que va desde la noticia al editorial (Velásquez, 2005, p. 16).

Cada género tiene una función y unas características específicas, las noticias se concentran en la respuesta a unos interrogantes, que la teoría ha denominado Ws, por sus siglas en inglés; los textos narrativos y descriptivos no abandonan el componente informativo, pero se concentran en otros aspectos formales que le dan gran valor a los verbos, los sustantivos o los adjetivos, según el caso, y existe una tercera corriente, que son los géneros de opinión, que buscan interpretar y orientar, en los que hay una valoración de los hechos.


[1] El término reportería nació del uso de la palabra reporter, se introdujo a principios del siglo XX, luego se convirtió en reportero. Esta palabra se aplicaba al periodista que buscaba las noticias fuera de la sala de redacción, también al periodista que conseguía información a través del trabajo de campo y uso de la entrevista.

[2] Periodista y editor argentino, autor del libro Técnicas de investigación: métodos desarrollados en diarios y revistas de América Latina. (2004). México: Fondo de Cultura Económica.

[3] El término Muck-rakers tiene que ver con una expresión utilizada por el presidente de Estados Unidos Theodore Roosevelt quien acusó a un grupo de periodistas quienes habían denunciado un caso de corrupción en el Senado, de buscar la basura de las alcantarillas.

[4] Daniel Defoe (1660 - 1731) fue un escritor, periodista y espía inglés, famoso por su novela Robinson Crusoe. Su novela Diario del año de la peste aplica la técnica periodística: recurre a cifras, a estadísticas, a entrevistas para presentar un panorama de Londres devastado por la peste.

[5] Susana Rotcker, en su texto La invención de la crónica (2005), demuestra que la crónica periodística, escrita por José Martí, sobre todo durante su estadía en Nueva York, Estados Unidos, fue definitiva en la consolidación de su obra y del modernismo en América Latina.

[6] Este texto es considerado una de las piezas maestras del periodismo narrativo, inclusive ha sido estudiado como un ejemplo para los estudiosos del testimonio, como un género no canónico que busca darle voz a los que no la han tenido.

[7] Periodista antioqueña, estudiosa de los géneros periodísticos, ganadora del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar, de los Premios Nacionales de Cultura Universidad de Antioquia y del Premio Latinoamericano de Periodismo José Martí.

[8] Escritor y periodista antioqueño, estudioso del periodismo narrativo y del reportaje.

[9] Francis George Steiner (París, 23 de abril de 1929), crítico y teórico de la literatura y de la cultura, y escritor. Ha sido uno de los teóricos que ha propuesto la consideración del estudio de géneros no canónicos, como la historia, a través del concepto de la Posficción.

[10] Escritor antioqueño nacido en 1898, su obra se concentra en las crónicas, pequeños fragmentos cotidianos de la realidad. Las crónicas de Tejada tratan el análisis de temas y personajes que no estaban en la primera página de los periódicos.

[11] Fue una de las periodistas más destacadas de su tiempo, exploró el periodismo narrativo. Sobre todo, se concentró en la entrevista, en la que se destacó por la facilidad para ganarse la confianza de sus entrevistados y, de esta manera, conseguir que sus entrevistas fueran más parecidas al diálogo que al interrogatorio.

[12] Lingüista, filósofo, historiador, crítico y teórico literario de expresión y nacionalidad francesa, nacido en Bulgaria en 1939.

[13] Periodista y escritor estadounidense, su novela A sangre fría (1966) es considerada la precursora del Nuevo Periodismo. En ella, a través de una investigación de más de seis años, el autor reconstruye el asesinato de una familia en Holcomb, Estados Unidos. Este hecho había sido una noticia de unos pocos renglones en la prensa informativa, pero Capote aplicó técnicas literarias para hacer un Gran Reportaje, en un género que él mismo denominó Non fiction novel.
[14] Según los argentinos es el creador de la Novela de no ficción, su libro Operación masacre que relató los hechos ocurridos en 1956, cuando se presentó un contra-golpe militar fallido a la dictadura de la llamada Revolución Libertadora. En un terreno baldío de la provincia José León Suarez, de Buenos Aires, Argentina, fueron fusilados varios civiles sospechosos de hacer parte del levantamiento. A casi seis meses del hecho, alguien le dijo a Rodolfo Walsh que un fusilado vivía. Gracias a la investigación, Walsh descubrió que había siete sobrevivientes, los contactó y contó su historia.

[15] Nació en el Líbano, Tolima, el 24 de enero de 1950. Ha obtenido diversos primeros premios en concursos nacionales e internacionales de cuento, novela y periodismo, recibió, entre otros, el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar en cuatro ocasiones, el internacional Merhengiger de Canadá, el de la Organización Continental Latinoamericana de Estudiantes, (Oclae) y el Iberoamericano de Novela en Chile.

[16] Entrevista a William Faulkner. En: http://www.ciudadseva.com/textos/teoria/opin/faulkner.htm. Recuperada el 5 de noviembre de 2008.

[17] Juan Villoro es uno de los principales cronistas de Latinoamérica, sus textos han sido publicados en América y Europa, sus crónicas tocan temas que van desde el fútbol hasta los Simpson. En su trabajo se destaca la combinación de narración e información, en un entramado narrativo que se relaciona con el ensayo.

[18] Julio Villanueva es un periodista peruano, su labor también lo llevó a ser el fundador y director de la revista Etiqueta Negra, una de las más importantes del continente en el periodismo narrativo, en ella publicaron su trabajo grandes figuras como John Lee Anderson y Juan Villoro, pero también sirvió de escuela para nuevos cronistas que pulieron su estilo y encontraron una voz fresca y rigurosa con la tutela de Villanueva Chang.